viernes, 19 de diciembre de 2008

LA EXPANSION DEL COMERCIO INTERNACIONAL: LA SITUACIÓN DE LA ECONOMÍA MUNDIAL

La expansión mundial está perdiendo ímpetu frente a una grave crisis financiera. La desaceleración es especialmente aguda en las economías avanzadas y sobre todo en Estados Unidos, donde la corrección del mercado de la vivienda continúa exacerbando las tensiones financieras. En lo que respecta a las demás economías avanzadas, el crecimiento también disminuyó en Europa occidental, mientras que en Japón la actividad conserva la capacidad de resistencia. Por el momento, las economías emergentes y en desarrollo están menos afectadas por la situación de los mercados financieros y continúan creciendo con rapidez, encabezadas por China e India, aunque la actividad de algunos países está empezando a enfriarse.

La inflación global, por su parte, subió en el mundo entero, impulsada por la pujanza que caracterizó a los precios de los alimentos y de la energía. En las economías avanzadas, la inflación subyacente registró pequeños avances en los últimos meses pese a la desaceleración del crecimiento. En las economías emergentes la inflación global subió más, como consecuencia tanto del enérgico aumento de la demanda como del mayor peso que tienen la energía y, en particular, los alimentos en las canastas de consumo.

El auge de precios de los productos básicos continúa pese a la ralentización de la actividad mundial. Una de las causas principales es el dinamismo de la demanda de los mercados emergentes, que originaron gran parte del aumento del consumo de productos básicos en los últimos años; además, la demanda de biocombustibles encareció importantes cultivos alimentarios. Al mismo tiempo, la oferta no termina de ajustarse al alza de los precios, sobre todo en el caso del petróleo, y en muchos mercados los niveles de las existencias corresponden a mínimos a mediano y a largo plazo (véase el apéndice 1.2). Aparentemente,
este aumento de los precios de los productos básicos se debe también, al menos en parte, a factores financieros, ya que los productos básicos se están perfilando como una alternativa más entre las clases de activos de inversión.

Las perturbaciones que sufren los mercados financieros desde agosto de 2007 —cuando el retroceso de los precios de la vivienda en Estados Unidos dislocó el mercado nacional de las hipotecas de alto riesgo— se propagaron rápida e imprevistamente, inflingiendo graves daños a los mercados e instituciones que conforman el núcleo del sistema financiero. Las secuelas son variadas: reducción de la liquidez en el mercado interbancario, descapitalización de grandes bancos y revaloración del riesgo de toda una variedad de instrumentos, como se describe en más detalle en la edición de abril de 2008 del informe Global Financial Stability Report. Pese a la reacción enérgica de los principales bancos centrales, los problemas de liquidez siguen siendo graves, y la inquietud en torno a los riesgos de crédito no solo es más aguda sino que ya ha trascendido mucho más allá del sector de las hipotecas de alto riesgo.

Los precios de las acciones también perdieron terreno a medida que se fragilizaba la economía, y la volatilidad se instaló en los mercados bursátiles y cambiarios.

Estas dislocaciones financieras, con el consiguiente desapalancamiento, están afectando a los canales de crédito bancarios y no bancarios de las economías avanzadas, y ya están apareciendo indicios de una restricción crediticia generalizada, aunque no de una contracción crediticia propiamente dicha. La banca está aplicando normas más estrictas para el otorgamiento de préstamos en Estados Unidos y Europa occidental, la emisión de productos de crédito estructurados es más moderada, y los diferenciales (spreads) de la deuda corporativa son mucho más elevados. El impacto es especialmente duro en Estados Unidos y está contribuyendo a ahondar aún más la corrección del mercado de la vivienda. En Europa occidental, los principales desbordamientos ocurren a través de los bancos expuestos más directamente a la titulización de hipotecas estadounidenses de alto riesgo y a los trastornos del mercado interbancario y de productos estructurados.

Las tensiones financieras recientes también golpearon a los mercados cambiarios. El tipo de cambio efectivo real del dólar de EE.UU. perdió mucho terreno desde mediados de 2007, lastrado por la disminución de la inversión extranjera en instrumentos estadounidenses de renta fija y variable a causa de la pérdida de confianza en las condiciones de liquidez y de rentabilidad de estos activos, el empañamiento de las perspectivas de crecimiento de la economía nacional y los recortes de las tasas de interés. La caída del valor del dólar impulsó la exportación neta y ayudó a reducir el déficit en cuenta corriente estadounidense a menos de 5% del PIB en el cuarto trimestre de 2007, es decir, más de 1½% del PIB por debajo del máximo registrado en 2006. La principal contraparte del declive del dólar de EE.UU. ha sido la apreciación del euro, del yen y de otras monedas con régimen flotante, como el dólar canadiense y las divisas de algunas economías emergentes. Por el contrario, la fluctuación cambiaria no fue tan marcada en algunos países con grandes superávits en cuenta corriente, sobre todo China y los exportadores de petróleo de Oriente Medio.

Los desbordamientos directos hacia economías emergentes y en desarrollo hasta ahora son menos pronunciados que durante otras convulsiones de las finanzas mundiales, aunque las corrientes de capital se moderaron en los últimos meses, al igual que las emisiones. Varios países que dependían mucho del crédito transfronterizo a corto plazo se vieron más duramente afectados. Las repercusiones por cauces comerciales también son limitadas hasta la fecha, y se hacen notar más en las economías que comercian activamente con Estados Unidos. Por lo tanto, las economías emergentes y en desarrollo siguen gozando de un crecimiento generalmente sólido y más o menos equilibrado entre todas las regiones, aunque muchos países aún enfrentan una inflación creciente alimentada por los precios de los alimentos y del combustible y por una firme demanda interna.

La capacidad de resistencia de las economías emergentes y en desarrollo se fundamenta en una integración cada vez más estrecha con la economía mundial y en la naturaleza generalizada del actual auge de precios de los productos básicos, que en los países que los exportan estimuló las exportaciones, la inversión extranjera directa y la inversión nacional más de lo que lo hicieron los auges previos. Como lo explica el capítulo 5, los exportadores de productos básicos lograron diversificar sus bases de exportación —ampliando la exportación de manufacturas, por ejemplo—, y hay hoy un comercio más intenso entre las propias economías emergentes y en desarrollo. Un factor importante detrás de estos avances fue el afianzamiento de los marcos macroeconómicos e institucionales. En consecuencia, el crecimiento de las economías emergentes y en desarrollo ya no depende tanto de los ciclos de las economías avanzadas, aunque obviamente los efectos de desbordamiento no se han desvanecido del todo.

FUENTE: Para poder acceder a mayores detalles del tema tratado anteriormente sugerimos visitar la siguiente página:
http://imf.org/external/spanish/pubs/ft/weo/2008/01/pdf/sums.pdf


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